Recuerdo esa entrevista bastante bien. Fue algo tal que
así:
-Buenos días y bienvenido a Katsumoto Corporation -me
dijo la becaria-. Siéntese, por favor, señor Utah. Yo soy Darlene Querrey, de
recursos humanos.
-Gracias. Buenos días. Puede llamarme Randolph, ó incluso
Randy. Verá, es que solo tengo 18 años, señorita Querrey.
(guiño)
-Lo sé, señor Utah. Aquí tengo su currículum. Y con el
debido respeto, debo decirle que no es muy impresionante.
-Totalmente de acuerdo con usted. Y por eso estoy aquí.
Quiero empezar a hacer cosas impresionantes, y trabajar en la Katsumoto sería
un buen comienzo para lograrlo.
(sonrisa sin separar los labios)
Ella apuntó algo en una hoja. Puede que solo para parecer
muy profesional. Estoy casi seguro de que escribió algún monigote, garabato, o
puede que hasta una polla. Y volvió a la carga.
-Señor Utah. Este trabajo exige dedicación plena. No
tendría mucho más tiempo para otras actividades, como por ejemplo ir a la
universidad.
-Oh, lo sé señorita Querrey. Dedicación plena. No iré a
la universidad. No tengo beca y mi familia no puede costearme los gastos, así
que quiero ponerme a trabajar ya.
-¿Le admitieron en alguna universidad?
-Así es, señorita Querrey. En Stanford, UCLA, Oklahoma
State, y North Caroline.
-Vaya. Eso está muy bien. Es un buen ramillete, señor
Utah.
-Estará muy bien si eso me sirve para obtener este
trabajo. Pero para nada más. No creo que pise esos sitios en mi vida, así
que...
(encogimiento de hombros con cara seria)
-La verdad es que su resultado en el test que le hicimos
ayer es bastante satisfactorio.
-Me alegra oír eso, señorita Merrey.
-Es Querrey. Que-rrey.
-Lo sé. Quería comprobar si escucha mis palabras.
-Siempre lo hago señor Utah. Y en el momento en el que
quiera dejar de escucharle, se lo haré saber. Forma parte del respeto y de la
educación.
(touché, jodidamente touché. Una cosa era cierta; becaria ó no,
Darlene Querrey sabía lo que se hacía)
-Touché.
-Sí, bueno. Verá señor Utah, conocemos el incidente
que...no. Lo llamaré accidente. El accidente que tuvo en la propiedad del
concejal Wachoski. Usted miccionó en su jardín sobre sus figuritas talladas.
Duendes y elfos, si no me equivoco.
-Esos cabroncetes eran sin duda alguna gnomos, señorita
Querrey. Y lo que hice no es ningún secreto. Aunque tampoco lo pregono a los
cuatro vientos, lógicamente.
-Modere su lenguaje mientras esté en las dependencias de
esta empresa, señor Utah, y modérelo si quiere que su estancia en Katsumoto
Corporation no dure un suspiro.
-Pero entonces...eso quiere decir que...
-Sí. Mi informe será favorable. Todos los detalles del
contrato están en esa carpetilla. No hay nada negociable. Si una vez que la lea
le seguimos interesando, vuelva aquí el jueves a las once.
-Estupendo -me levanté de la silla, cogí la carpetilla y
me deleité desde las alturas del canalillo que formaban los pechos de Darlene
Querrey-. La verdad, no me lo esperaba.
-Que quede entre nosotros, señor Utah: el concejal
Wachoski es un grandísimo hijo de fruta. Bienvenido a bordo y que pase buen
día.
Salí de la salita mientras ella se quedó sentada en su
escritorio, observándome. Me quedé con las ganas de valorar su culo. Además,
nunca más volví a verla.
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